A finales de septiembre de 2019 me asomé a las costas de Finisterra. Tomé algunas instantáneas tratando de congelar el ritmo cadencioso y brutal de ese mar tan impactante.
He querido establecer aquí una suerte de diálogo entre cómo se presenta el agua en los límites del espacio humano y en la tierra adentro: tierras altas en las que la espuma de la costa se transforma en niebla, en bruma. Las formas del agua. No es más que una propuesta poética.
El agua, fuente de vida, nos arremete a ras de suelo.
El agua atraviesa los caminos como fluido, nieve y hielo, para volver entre brumas chorreantes, al inicio de los tiempos, dejando allí, en la penumbra, los vestigios pasados de los ciclos.